Los límites del liberalismo

junio-julio de 2009 | página 3

EN EN mundo de guerra, opresión y crisis economómica, la necesidad de un cambio fundamental jamás ha parecido más urgente. TODD CHRETIEN examina las alternativeas que tenemos para hacer un nuevo futuro.

LA CRISIS económica en curso ha derribado la ficción de que hay un muro de hierro entre la política y la economía.

Por décadas los partidarios del libre mercado lucharon por liberar su sistema de la "mediación" de gobiernos y burocracias. Pero cuando las apuestas se derrumbaron, Wall Street y sus amigos en Washington se deshicieron de su paradigma antigubernamental como de una papa caliente.

Esto ha llevado al reconocimiento de que la "economía" es tan "política" como lo es el matrimonio gay. Esto es, no hay una "mano invisible" que administre la economía, mientras los electores y políticos deciden "problemas sociales" como el aborto, la protección ambiental, la salud y la educación.

Tampoco hay una suerte de "interés nacional" abstracto que gobierne intervenciones del ejército estadounidense aisladamente de la política doméstica. Todo esto es político y todo está relacionado.

Afortunadamente, la elección del presidente Obama representa un renovado interés en la política, en un momento importante. La pregunta es: ¿Qué ideas políticas y estrategias están disponibles y cuales debemos adoptar?

Para la gente interesada en el cambio social, las ideas del liberalismo (o reformismo) pueden parecerles prudentes, por eso cabe aquí examinarlas.

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Liberalismo desde arriba

La elección de Barack Obama como presidente señala el renacimiento del liberalismo oficial en la política estadounidense. Este desarrollo es bienvenido, pero es importante entender exactamente qué significa.

Liberalismo desde arriba no es una "desviación" marginal en la historia estadounidense. De hecho, ha sido frecuentemente dominante por largos períodos.

El liberalismo oficial no adoptó el socialismo en esos tiempos, como la derecha suele decir. Más bien, el capitalismo en las últimas décadas de los años 1800 y 1920 se hizo tan propenso a las crisis y desestabilizador que el "libre mercado" requirió la ayuda visible del gobierno para enderezar sus aferes y restablecer las ganancias.

El propósito no fue derrocar el sistema, sino defenderlo. Como FDR lo puso: "Yo soy el mejor amigo que sistema de ganancias jamás tuvo."

Para aprobar las leyes antimonopolio o el "Nuevo Trato", el Liberalismo desde Arriba necesitó superar la resistencia dentro de la clase dirigente, lo cual significó apelar a la clase trabajadora, limitada y temporalmente, con el fin de realizar los ajustes necesarios. He aquí la oposición de Teddy Rooselvet al trabajo infantil, la inicial tolerancia de FDR a la organización sindical y su apoyo al Seguro Social.

No obstante, hubo estrictos límites a lo que el Liberalismo desde Arriba estaba dispuesto a conceder. Durante este entero período, el segregacionismo Jim Crow reinó absolutamente en el sur y los oficiales liberales se rehusaron a aprobar leyes anti linchamiento. Más aún, el "Nuevo Trato" no terminó con la Depresión; la Segunda Guerra Mundial lo hizo.

Orgánicamente, el Liberalismo desde Arriba está primera y principalmente preocupado por ganar el Congreso y la presidencia, y primordialmente depende del Gran Dinero para esto. Pero a veces también puede "convocar las tropas", especialmente en momentos electorales, con el fin de derrocar a poderosos oponentes. Así, FDR se apoyó en los sindicatos para obtener su voto y Obama, a pesar de los millones de dólares que juntó, tuvo que organizar una gigantesca operación de voluntarios para vencer primero a Hillary Clinton y luego a John McCain.

Este es un hecho tremendamente importante. Los millones de miembros sindicales, estudiantes universitarios y gente común y corriente que trabajaron en la campaña de Obama no fueron accesorios opcionales. Ellos construyeron la diferencia entre la victoria y la derrota, y deben estar orgullosos de su esfuerzo.

Especialmente, temprano en las primarias, Obama apeló a la idea de construir un "movimiento" y habló de los movimientos por los derechos civiles y del laboral como modelos para la organización de su campaña. El hecho de que ganó usando este imaginario y retórica muestra la imperante sed de acciones en contra de la pobreza, el racismo y la guerra.

Ahora, la pregunta es: ¿Qué querrá hacer Obama con esta masiva organización de voluntarios? ¿A dónde los guiará? El escenario más probable es que quiera mantener viva dicha fuerza para apoyar a los Demócratas en las elecciones legislativas del 2010 y para un segundo término en el 2012. Pero él no desea permitirle vida independiente alguna.

Ciertamente, mucha gente estará feliz de acomodarse a esto. "Después de todo", ellos dirán "si todo lo que Obama necesita es una operación de voluntarios para ganar las elecciones, y después el puede llevar a cabo las reformas positivas en nuestro nombre, ¿no tiene esto sentido?"

Esta idea parece razonable. Pero es importante mantener en la mente los límites de los que sus predecesores estuvieron dispuestos a hacer.

De hecho, hay un lado oscuro al Liberalismo desde Arriba. Ambos Roosevelt y Wilson abogaron por, y emplearon el poder militar para, transformar Estados Unidos en el más grande poder imperialista que el mundo jamás conoció. Bajo la consigna de "civilizar" a los pueblos colonizados, el Liberalismo desde Arriba nunca ha rechazado "empuñar un gran bate."

Hoy, las decisiones de Obama de mantener en su administración al Secretario de Defensa de Bush William Gates y de designar a Hillary Clinton como Secretaria de Estado --por no mencionar su promesa de conducir una escalada militar Afganistán- indican que pretende permanecerse con firmeza a esta tradición.

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Liberalismo desde Abajo

El liberalismo en Estados Unidos siempre ha tenido dos lados. El Liberalismo desde Abajo tiene una poderosa historia en este país, incluyendo algunas secciones moderadas del movimiento antiesclavista, las sufragistas, muchos de los líderes del movimiento por los derechos civiles, del laboral y más recientemente, del anti bélico, desde Vietnam a Irak.

El Liberalismo desde Abajo ha frecuentemente desarrollado una poderosa crítica del Liberalismo desde Arriba. Una y otra vez, el conflicto entre los activistas de base y sus supuestos voceros en altos puestos ha inspirado inspiradoras luchas políticas. En los años 1930, los líderes sindicales se cogieron del tibio reconocimiento por parte de FDR del derecho a organizar para lanzar una ola de huelgas, pero los oficiales de FDR, supuestamente "pro sindicales", repetidamente se alinearon con los patrones.

La "Carta desde una cárcel de Birmingham" de Martín Luther King Jr. denunció a los liberales tradicionales que argumentaron que los derechos civiles deberían "esperar" hasta que el poder estuviese listo para entregar la legislación. King atacó esta idea y argumentó que sólo una acción masiva podría forzar la mano de los políticos. Fundamentalmente, King tuvo que amenazar al Liberalismo de Arriba para forzarlo a hacer lo que había dicho que haría.

En 1964, Estudiantes por una Sociedad Democrática (SDS, por sus siglas en inglés) adoptó la consigna "A medias andas con LBJ" basado en la promesa de Lyndon B. Johnson de no intensificar la guerra de Vietnam. Cuando dentro de semanas de su elección él hizo exactamente eso, SDS tuvo una opción --apoyar al Liberalismo de Arriba u organizar un movimiento masivo para detener la guerra.

Por supuesto, la tensión entre el Liberalismo de Arriba y el Liberalismo de Abajo no es siempre tan obvia. Por ejemplo, la Federación Americana del Trabajo-Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO, por sus siglas en inglés) gastó decenas de millones de dólares y miles de en voluntarios para que Obama fuera electo. Y Obama repetida y francamente prometió impulsar la Ley de Libre Elección del Empleado (EFCA, por sus siglas en inglés), las cual si se aprueba, podría conducir a una sindicalización masiva.

Si Obama mantiene su palabra, el mayor enemigo serán los Republicanos, los Demócratas conservadores y sus amigos de WalMart, quienes tratarán de bloquear EFCA. Esto podría guiar a una situación en la cual Obama y la AFL-CIO estén del mismo lado para una batalla crucial, por lo menos temporalmente.

Sin embargo, la profundidad de la crisis económica y las guerras en curso en Irak y Afganistán significa que la escala de reformas necesarias para terminar el sufrimiento va más allá de lo que Obama está preparado a respaldar.

Por ejemplo, su plan de gasto de recursos federales para crear (o salvar) 2,5 millones de empleos es bienvenido, pero insuficiente para terminar con el desempleo. Actualmente, hay por lo menos 15 millones de desempleados o involuntariamente empleados a media jornada. Reducir este número en un 15 por ciento es un buen comienzo, pero difícilmente una solución.

Entre lo que Obama ha ofrecido y lo que sus amigos en Wall Street están dispuestos a apoyar, y las necesidades de la vasta mayoría de la clase trabajadora estadounidense hay un verdadero potencial para desarrollar la lucha de los años venideros.

Concretamente, si el Liberalismo desde Arriba es la respuesta de un grupo de la clase dirigente a los excesos del sistema que apoya, el Liberalismo de Abajo es la lucha contra lo inadecuado de esa respuesta. De cualquier forma, políticamente se mantiene una lucha que acepta que el capitalismo puede ser corregido --incluso si este debe hacerse en contra de la voluntad de algunos capitalistas.

Orgánicamente, el Liberalismo de Abajo ha desarrollado estructuras sindicales y de movimientos que son lejos más duraderas y efectivas que meras máquinas electorales. La Asociación para el Avance de Gente de Color (NAACP), la Organización Nacional de la Mujer (NOW), la AFL-CIO y otras han movilizado un gran número de gente en busca de sus importantes metas.

No obstante, la mayoría del tiempo sus liderazgos han aceptado simultáneamente la idea de que ellos deben poner sus recursos a disposición del Liberalismo desde Arriba en tiempo de elecciones. Esta devoción por recursos y energía ha sido frecuentemente mal situada y no ha llevado al incremento de su poder como movimientos sociales, sino a todo lo contrario.

Por eso, tenemos que desarrollar un movimiento independiente de los partidos capitalistas y dedicado a un cambio social más profundo. Durante tiempos como los que vivimos, las ideas del socialismo pueden atraer más partidarios que comprendan estos límites del liberalismo.

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