GRECIA
La lucha en las plazas

agosto-septiembre de 2011 | página 4

PANOS PETROU, del grupo socialista Trabajadores Internacionalistas de Izquierda (DEA) y parte en la ocupación de la Plaza Syntagma de Atenas, explica cómo la lucha contra la austeridad se desarrolla en Grecia.

UNA NUEVA ola de protestas comenzó en Grecia en mayo cuando decenas de miles se unieron a una manifestación en la Plaza Syntagma, la principal plaza de Atenas, frente al edificio del parlamento. Semanas más tarde, miles seguían ocupando la Plaza Syntagma, y campamentos similares se han levantado en plazas en muchas ciudades y pueblos de todo el país.

Inspirados por el movimiento de los Indignados, en España, quiénes ocuparon la Plaza del Sol en Madrid, el movimiento en Grecia es conocido como los Aganaktismenoi (indignados) o el "movimiento de las plazas", y se ha convertido en una fuerza social que está desestabilizando aún más el ya sacudido gobierno griego.

Los medios de comunicación halagaron a los que salieron a la calle por contener sus acciones y glorificaron al "movimiento no-político de todos los griegos contra todos los partidos". Pero la razón de fondo de la ira popular son las políticas anti-obreras de la austeridad y privatizaciones impuestas tras la firma del Memorando entre el gobierno y la troika financiera europea --la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, para "rescatar" la economía griega.

Esas políticas están devastando la vida de los trabajadores, la juventud, los ancianos pobres y los desempleados --gente común en la sociedad griega. Y ellos son los mismos que han ocupado las plazas griegas, dónde lejos de ser "apolíticos", están descubriendo la lucha política desde abajo.

Desde el primer día, una de las cosas más excitantes en las plazas ocupadas ha sido la fiebre por debate político entre la gente, discutiendo temas como el sistema político, la crisis, la deuda pública y cómo lidiar con ella --e incluso cómo la economía es manejada en una sociedad capitalista.

La mayoría en las plazas son jóvenes. Pero las plazas también se han convertido en un símbolo de resistencia para cientos de miles de trabajadores, adultos mayores y otros. Según una encuesta, uno de cada cuatro griegos ha participado en las manifestaciones de las últimas semanas, un asombroso 87 por ciento de la gente apoya las protestas, el 81 por ciento cree que continuarán, y el 52 por ciento cree que van a "lograr algo".

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EN LA Plaza Syntagma, uno puede ver cómo las ideas de la gente cambian como resultado de la acción de masas. La mayoría está participando demostraciones políticas por primera vez en su vida. Hay gente que en el pasado ha votado por uno de los dos principales partidos, y ahora dice: "¡Por fin hemos despertado!" También hay toda una generación de jóvenes que crecieron sin vínculos a las ideas izquierdistas, ni a la política de lucha social ahora estallando en las calles.

En el curso de los días se ha podido observar este desarrollo en la calle. Del grito de "¡Ladrones, ladrones!" contra parlamentarios y gestos insultantes contra el edificio legislativo de los primeros días, a consignas más políticas, tales como "¡Hey, hey, ho, ho. Toma el Memorando y lárgate!"

Cada noche hay una Asamblea Popular, donde miles de personas se reúnen a discutir y votar por las demandas y los próximos pasos del movimiento --mucho más democrático de lo que ha estado ocurriendo al interior de los salones del parlamento. Además hay todo tipo de grupos de trabajo centrados en temas específicos: un Grupo Político, un Grupo Económico, la Asamblea de Trabajadores y Desempleados, etc.

Una de las iniciativas más exitosas fue el "Día de Debate Popular Sobre la Deuda", donde economistas opuestos al Memorando fueron invitados para hablar sobre alternativas, y más de 4.000 personas asistieron a la discusión.

La Plaza Syntagma se ha convertido en el centro gravitacional de la resistencia. La mayoría de las marchas sindicales terminan allí. El 9 de junio, los trabajadores de la empresa láctea Dodoni llegaron a la plaza para protestar contra el plan del Banco Agrícola de vender la empresa pública. El 4 de junio, una columna LGBT de la Parada Orgullo Gay de Atenas desafió las advertencias de la policía y de los matones derechistas y marchó a la plaza.

Decenas de miles de personas paralizan el centro de la ciudad de Atenas todos los domingos. Hasta más de 200.000 personas participaron en una de las mayores manifestaciones.

Desplegando el internacionalismo del movimiento, banderas egipcias, tunecinas y españolas son comunes en las protestas --junto a la bandera argentina, con gente dándole a las cacerolas, como los argentinos hicieron durante el Argentinazo del 2001. Incluso hay una consigna inspirada en la rebelión que obligó al presidente Fernando de la Rúa a abandonar el palacio presidencial en un helicóptero. Y dice: "¡Una noche mágica, como en Argentina, vamos a ver quién vuela de esta esquina!"

Uno de los momentos más emocionante fue cuando un grupo de residentes egipcios en Grecia apareció agitando banderas egipcias y llevando una pancarta que leía: "De la Plaza Tahrir a la Plaza Syntagma." Los aplausos y vítores fueron electrizantes.

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DENTRO DEL movimiento de las plazas hay una lucha política en curso.

Muchos manifestantes muestran hostilidad hacia la izquierda, con frases como "los políticos y sindicatos son todos iguales". Esta es una crítica válida --el "realismo" de los grandes partidos de la izquierda tradicional y su énfasis en la política parlamentaria y electoral ha llevado a muchas personas a verlos como "parte del sistema". Además, existe una ira generalizada contra las traiciones de la burocracia sindical.

Elementos derechistas y de extrema derecha, disfrazados de "patriotas no-políticos ", han conscientemente cultivado estas ideas. Ellos tratan de dar a las protestas una dirección conservadora, con el fin de excluir a la izquierda y al movimiento obrero de las plazas.

Pero la izquierda se presenta en la plaza para explicar que los burócratas son una cosa, y los sindicatos y sus bases otra, y que el verdadero enemigo no son sólo unos "políticos corruptos", sino los banqueros, los industriales y toda la burguesía.

Esta relación está dando sus frutos. Las decisiones y los anuncios de la Asamblea Popular se inclinan claramente a la izquierda, con llamados a huelgas y declaraciones de que todos los trabajadores en huelga son "bienvenidos a la plaza". La consigna de la izquierda radical "No debemos nada, no vendemos nada, no pagamos nada" es una de las más populares en las plazas.

El movimiento alcanzó uno de sus puntos más álgido el 15 de junio, cuando hubo una huelga general de 24 horas, además de la movilización en la plaza. Masas de trabajadores en huelga se unieron a los miles de Indignados que rodeaban el edificio del parlamento.

Se podía ver el miedo del gobierno desde temprano en la mañana. Barricadas fueron puestas para proteger el edificio legislativo. Miles de policías fueron movilizados para permitir a los parlamentarios entrar --aunque la mayoría optó por quedarse en casa ese día.

Más tarde, la policía antidisturbios atacó a la manifestación. Toneladas de gas lacrimógeno fueron utilizadas en las calles alrededor de la Plaza Syntagma, mientras la policía antidisturbios en repetidas ocasiones trató de dispersar a los manifestantes, intentando incluso una redada directa al campamento. Pero en una impresionante demostración de desafío, la gente no cedió terreno, usando pañoletas en la cabeza, formando cadenas, algunos bailando en el medio de la "batalla" para demostrar que no tenían miedo.

Los trabajadores de los hoteles y las cafeterías cercanas a la plaza desplegaron su solidaridad, abriendo las puertas de sus establecimientos para dar cobijo y agua a los manifestantes. Los trabajadores de la estación del metro en Plaza Syntagma mantuvieron de suyo abierta la estación y la ofrecieron de refugio, permitieron el flujo de personas desde y a la plaza, y crearon una improvisada clínica para cuidar de los heridos.

Personas de la tercera edad, amas de casa, trabajadores y jóvenes, todos hicieron frente a la represión policíaca, y al final del día los aganaktismenoi mantuvieron su campamento. Esa misma noche, miles de personas volvieron a Syntagma para asistir a la Asamblea, que fue una de los mayores desde el inicio del movimiento. El intento de asustar a la gente había fracasado.

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ESE DÍA, el gobierno casi colapsa. El primer ministro George Papandreou ofreció su renuncia para formar un nuevo gobierno, ya sea en coalición con la oposición derechista, o un gobierno de tecnócratas-- "administradores profesionales" cuya cuna e interés están con la clase capitalista.

El fracaso de esa movida resultó en la re-composición del gobierno, con la que Papandreou intentó sofocar la rebelión dentro de su propio partido. Para controlar a potenciales legisladores rebeldes, considerando votar contra el nuevo paquete de austeridad y privatización, Papandreou pidió --y le fue dado-- un voto de confianza.

La lucha está lejos de terminar. Y lo más importante, el movimiento obrero se está uniendo a los Indignados en las plazas. Con el gobierno tratando de privatizar las empresas públicas, los poderosos sindicatos de ese sector están viéndose obligados a luchar, o perecer. Así, el 20 de junio los trabajadores de la empresa nacional de electricidad comenzaron una serie de huelgas escalonadas.

Luego de años de huelgas ceremoniales, las dos principales federaciones laborales del país, ADEDY, del sector público, y GSEE, en el sector privado, realizaron una huelga general de 48 horas el 27 y 28 de junio, cuando fue votado el nuevo paquete de austeridad en el parlamento. Ésta es su primera acción conjunta de este tipo y magnitud en más de 30 años.

La unión de los Indignados, su entusiasmo y combatividad, con el movimiento obrero es el mejor de los caminos a seguir. Los miembros de los Trabajadores Internacionalistas de Izquierda, DEA, que desde su inicio han participado en el movimiento, agitan en torno al lema: "¡Traed los sindicatos a la Plaza, y llevad la plaza al trabajo!"

Traducido por Orlando Sepúlveda

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