¡Trabajos para todos, ahora!

octubre-noviembre de 2011 | página 1

DESPUÉS DE meses de estar obsesionado con reducir el déficit con drásticas medidas de austeridad, a la republicana, Barack Obama finalmente reconoce la crisis de empleos y ahora busca la aprobación de su plan de trabajos por parte del Congreso. Esa es una largamente esperada buena noticia. La mala noticia es que su "Ley del Empleos Americanos" está muy lejos de ser suficiente para resolver el problema.

La peor noticia es que el plan Obama --insuficiente como es-- no tiene chance alguna ser aprobado por el Congreso, especialmente en la Cámara de Representantes controlada por los republicanos. Obama y los demócratas saben esto muy bien, pero el momento de jugar política electoral ha llegado a Washington.

Los demócratas y sus simpatizantes, incluyendo los que han sido críticos a las concesiones que la administración Obama ha hecho a la derecha, predeciblemente están culpando a los republicanos. El columnista del New York Times Paul Krugman, por ejemplo, celebró el retorno del "verdadero" Obama. La propuesta de trabajos, Krugman escribió, es "mucho más audaz y mejor de lo que yo esperaba...[C]lara y gratificantemente, [Obama] entiende qué tan desesperada la situación laboral es. Pero es probable que su plan no se convierta en ley, gracias a la oposición republicana".

Por supuesto, la derecha rechazará incluso la más modesta de las propuestas de Obama, bajo la excusa de que requerirán aumentar el déficit o los impuestos para ponerlas en práctica. Pero fue Obama el que otorgó a los republicanos el poder de veto sobre cada cosa que sucede en Washington.

Durante el debate acerca del techo de la deuda federal, el alarmismo por el déficit de Obama y los demócratas empató al de los republicanos, insistiendo en que el equilibrio del presupuesto era su más importante prioridad. El resultado fue un "compromiso" que hará recortes sin precedentes en el gasto social que beneficia a la clase obrera, incluyendo el Seguro Social y el Medicare --y ni un solo centavo en aumento de impuestos.

Durante el verano, Obama ofreció las medidas de austeridad que los republicanos sólo habían soñado. Así que cuando los republicanos ataquen el plan de trabajos de la Casa Blanca, sólo estarán usando argumentos legitimados y santificados por Barack Obama y el Partido Demócrata.

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¿Y QUÉ hay de la propuesta misma? Si fuera promulgada, ¿hará una diferencia para los millones de desempleados que hoy luchan por sobrevivir?

Una gran parte del plan son rebajas fiscales para las empresas --algo que la derecha siempre prefiere-- pero es dudoso de que vayan a tener efecto. La mayoría de las corporaciones han vuelto a ser rentables, extrayendo más trabajo de menos empleados, y con menores salarios y beneficios. Incluso, pocos días después de que Obama divulgó su plan, el Banco de América --el que no ha pagado impuestos federales sobre sus ganancias en los últimos dos años-- anunció que despedirá a 30.000 empleados.

Y el monto dedicado a las exenciones fiscales en el plan es mucho mayor que el gasto propuesto para la reconstrucción de la infraestructura --carreteras, puentes y escuelas-- mucho más eficaz para crear trabajos.

Durante su anuncio, Obama prometió $30 mil millones para evitar más despidos de maestros y más de $30 mil millones para a renovar las instalaciones escolares, pidiendo a los republicanos que "aprueben este proyecto de ley, y pongan a nuestros maestros en las aulas a las que pertenecen."

La necesidad de mayor gasto en la educación es urgente --casi dos tercios de los distritos escolares esperan recortes presupuestarios de 5 por ciento o más para el otoño, de acuerdo con el Centro de Políticas de Educación. Pero el nuevo cometido de la administración con la educación suena hueco tras la gira "De Regreso a Clases" del Secretario de Educación Arne Duncan, en el que no hizo campaña para el aumento de fondos, sino para acelerar la privatización de las escuelas, alargar el día escolar sin aumento salarial para el personal docente, y para su punitivo programa "Carrera a la Cima" --el que hace hincapié en el pago por mérito y las escuelas subsidiadas.

Del mismo modo, el plan Obama llama por aumentar los impuestos a los ricos, pero es difícil tomar esto en serio después de que la administración cedió una y otra vez en su promesa de dejar expirar los recortes fiscales de Bush para los super-ricos. En 10 años, la extensión de las regalías fiscales para el 2 por ciento más rico costará $700 mil millones --mucho más de lo que Obama propone para crear puestos de trabajo.

De hecho, Obama tiene otras ideas de dónde sacar el dinero --reduciendo el gasto social. En su discurso, Obama llamó por "modestos ajustes a los programas de salud como Medicare y Medicaid" -- los programas en los que los más vulnerables de la sociedad dependen.

El modelo para "poner América a trabajar otra vez", en una de las propuestas de la Casa Blanca, es el programa Georgia Trabaja. Éste permite a las empresas contratar a desempleados temporalmente --sin pago, durante ocho semanas de 24 horas, mientras continúa recibiendo desempleo, además de un estipendio de $240 del gobierno-- un gran negocio para las empresas. "Puedes probar a alguien y no pagarle. Esto no es permitido bajo las leyes laborales de nuestro país," dijo Andrew Stettner, subdirector del National Employment Law Project, al Atlanta Journal-Constitution.

También, durante su anuncio, Obama usó un tema favorito en Washington hoy en día: China. Hizo un llamado a "halar juntos" en cara de la "competencia global" y declaró que quiere "ver más productos vendidos en todo el mundo estampados con tres palabras llenas de orgullo: Hecho en América".

El nacionalismo económico es una probada táctica que los políticos usan durante una crisis. Obama está tratando de culpar a China y Corea del Sur por el desempleo y los salarios de pobreza en EE.UU., pero son las corporaciones de EE.UU. las que han empobrecido a la clase obrera en este país.

Culpar a los trabajadores chinos o "comprar americano" no es una solución. Lo es la unión internacional de los trabajadores para defender sus puestos de trabajo y demandar una mayor porción del pastel.

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