¿Podría pasar en Estados Unidos?

octubre-noviembre de 2011 | página 2

DESDE SU comienzo, este año ha visto una ola de rebeliones barrer el norte africano y el Medio Oriente, sacudiendo dictaduras, y derrocando a déspotas --aliados de EE.UU.-- en Túnez y Egipto, cuyas largas tiranías parecían interminables.

Más tarde, el espíritu de la Primavera Árabe floreció en España cuando los "indignados" --jóvenes hartos de un futuro de desempleo y pobreza-- se tomaron las plazas públicas. El "movimiento de las plazas" se extendió a Grecia, donde se unió al movimiento obrero para paralizar el país durante varios días en lucha contra la austeridad.

En Inglaterra, una ola de motines estalló en agosto luego del asesinato de un hombre Negro por la policía en Londres, extendiéndose a varias ciudades del país, y expresando la amargura juvenil sobre la disminución de su calidad de vida, el racismo y el acoso policial.

Ahora, la Primavera Árabe se ha convertido en el Invierno Chileno, donde un masivo movimiento estudiantil, con marchas y tomas de establecimientos educacionales, se ha desarrollado en un país que ha sido un laboratorio para la privatización de la educación.

A dos años de una severa recesión mundial, y luego de una famélica recuperación económica, la ira y el resentimiento han dado paso a la resistencia y la lucha en un país tras otro. Pero, ¿y aquí en EE.UU. qué?

En la superficie, la situación parece muy diferente. Pero cualquiera que piense que los trabajadores estadounidenses nunca protestarán sólo necesita recordar que hace unos meses el movimiento obrero se electrificó con la lucha contra la ley anti-sindical del gobernador Scott Walker en Wisconsin. Y apenas el mes pasado, 40 mil trabajadores de Verizon se declararon en huelga, el mayor conflicto laboral en años, ganándose un amplio apoyo en su lucha contra la avaricia patronal.

Sin embargo, Walker llevó adelante su ley antisindical y la lucha en Wisconsin fue desmovilizada, y los líderes sindicales bajaron la huelga en Verizon, sin un nuevo contrato luego de que la empresa volvió a la mesa de negociaciones. La oportunidad para una lucha amplia y nacional fue dejada pasar en ambos casos.

Nos lleva a preguntar, ¿hay algo diferente en EE.UU. que previene que cualquier resistencia llegué a la escala que ha llegado en otros países? Creemos que no. Precisamente por aquello que es similar en EE.UU. y en otros países: el salvaje asalto a la calidad de vida de la clase obrera, mientras los banqueros y patrones acumulan cada vez mayor poder y riqueza.

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CON RECORTES sin precedentes al gasto social, el acuerdo sobre el techo de la deuda negociado entre los republicanos y Obama es emblemático del asalto en curso contra la clase obrera. Durante el debate, republicanos y demócratas usaron a los maníacos del Partido del Té, los primeros para pretender que tenían el apoyo del público, y los segundos para justificar sus concesiones a la derecha como una cuestión de responder a "lo que quiere la gente".

Esto ha afectado a los millones que apoyaron con entusiasmo a Obama y los demócratas hace tres años. La creciente amargura entre la base demócrata es palpable. Se ha vuelto más difícil para los políticos afirmar que el sentimiento popular está detrás de su obsesión por el déficit. Todas las encuestas de opinión muestran que una mayoría de la gente quiere acción del gobierno para crear puestos de trabajo, y favorece impuestos a los ricos.

La desconexión entre el consenso bipartidista en Washington y lo que la gran mayoría quiere se hace más y más aguda --lo mismo la ira popular por las torcidas prioridades del gobierno y de la élite empresarial. Como lo dijo uno de los trabajadores en un piquete de huelga en Verizon: "No queremos renunciar a lo que hemos luchado en los últimos años. Tenemos que organizarnos para hacer nuestra vida mejor. A las corporaciones les importamos un carajo".

El ataque de Washington contra el gasto social va de la mano con hacer de los trabajadores del sector público y sus sindicatos unos chivos expiatorios. Pero al igual que en otros lugares, el hecho de que la minoritaria élite de la sociedad no ha tenido que hacer sacrificio alguno no se le escapa a la gente. "Muchos de estos recortes están afectando a la misma gente otra y otra vez", dijo Lydia Missaelides, directora ejecutiva de la Asociación para Servicios Diarios para Adultos de California a Newsweek. "No estamos compartiendo el dolor, sino que estamos acumulando el dolor."

La ira reflejada en esos comentarios encuentra expresión en protestas. Aunque a menudo son pequeñas y locales y no atraen la atención de los medios de comunicación. Pero eso no las hace menos importantes.

Por ejemplo a mediados de agosto en Nueva York, activistas en Brooklyn organizaron la defensa de la casa de una anciana de 82 años de edad que estaba siendo amenazada con ser desalojada. Doscientos vecinos se presentaron, y el desalojo no ocurrió. Esta fue sólo el último en una serie de episodios de luchas en que dueños de casa y sus simpatizantes en Nueva York, Chicago, Rochester y en otras partes, han enfrentado a bancos y alguaciles.

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POR DÉCADAS se pensó que los trabajadores estadounidenses estaban "demasiado bien" como para volver a luchar. Pero esto nunca fue cierto. La clase obrera americana tiene una larga historia de luchas militantes, y a menudo amargas.

Incluso en períodos considerados relativamente tranquilos, como la supuestamente idílica década de 1950, los obreros estadounidenses se fueron a la huelga por mejores salarios y condiciones, y por el derecho a organizarse. Los años 60's y 70's son recordados como una época de luchas sociales, pero sin conexión a la clase obrera --supuestamente hostil. Pero eso es mentira; en la década de 1960 los movimientos sociales plantearon cuestiones de clase e incluso inspiraron la rebelión de sindicalistas de base en el movimiento obrero.

Una lección de las rebeliones en países tan disímiles como Egipto y Gran Bretaña es que los alzamientos más poderosos vienen a menudo cuándo y dónde menos se los espera.

Después de la victoria de EE.UU. en la Guerra del Golfo de 1991, el primer presidente Bush montaba un altísimo índice de popularidad y proclamó un "nuevo orden mundial". Un año más tarde, cuando cuatro policías californianos que apalearon casi hasta la muerte al automovilista Negro Rodney King fueron absueltos, la Rebelión de Los Angeles estalló --un levantamiento multirracial que expuso la verdad acerca del nuevo orden mundial.

En una situación de crisis económica como la actual, tanto la izquierda como la derecha tienen el potencial de crecer, mientras la gente obrera trata de encontrar su voz y los principales partidos políticos fallan. Así, en Wisconsin, un republicano simpatizante del Partido del Té se convirtió en gobernador en noviembre de 2010, pero unos meses más tarde, el mismo provocó la mayor protesta laboral en las últimas décadas cuando atacó el derecho de sindicalización.

En Agosto, los trabajadores de Verizon se enfrentaron a una empresa altamente rentable exigiendo a sus trabajadores conceder unos 20.000 dólares al año a cada uno, ganándose la solidaridad de obreros que se unieron a los piquetes en tiendas de Verizon Wireless en toda la Costa Este.

El pasado mes, ese espíritu cruzó el país a Longview, Washington, donde miembros el Sindicato Internacional de Estibadores y Almacenes (ILWU, por sus siglas en inglés) luchan contra la apertura de una operación esquirol en el terminal de granos, bloqueando trenes, tirando al mar embarques de granos, y encarando a la policía cuando ellos atacan los piquetes. La lucha del ILWU está trayendo de vuelta las lecciones de la década de 1930, cuando los trabajadores asalariados lucharon por ganar sus derechos sindicales y mejores condiciones de trabajo.

Piquetes de huelga han aparecido en los hoteles Hyatt en Chicago, Honolulu, Los Angeles y San Francisco, fuera de las escuelas en Tacoma, Washington, y en la Universidad de Long Island en Nueva York --y eso es sólo una pequeña de muestra.

Otro ejemplo reciente, la lucha en torno a los derechos de la mujer ha sido electrificada por las marchas SlutWalk contra el asalto sexual y la práctica de avergonzar y culpar a la víctima. Una nueva generación de mujeres y hombres son parte de la lucha, protestando, discutiendo cuestiones políticas y organizando para el futuro. Tenemos mucho camino por recorrer para revertir la marea contra los derechos de la mujer--pero un nuevo movimiento está tomando los primeros necesarios pasos.

Hace tres años, millones fueron inspirados por la campaña presidencial de Barack Obama esperanzados de que las cosas cambiarían si un demócrata se instalaba en la Oficina Oval. Pero tres años después, Obama y su administración han fracasado en ofrecer algo más que sólo palabrería contra la derecha --y la mayoría de las veces, ni siquiera eso.

La alternativa yace donde siempre ha estado --afuera de Washington, en todas las luchas, grandes y pequeñas, en defensa contra el asalto patronal sobre el nivel de vida de la clase obrera.

Lo que los individuos hagan ahora para construir redes de activistas y organizaciones políticas --en nuestras escuelas, lugares de trabajo y comunidades-- no puede ser más importante. Al librar las pequeñas batallas de hoy, estamos sentando las bases de los grandes enfrentamientos de mañana.

Traducido por Orlando Sepúlveda

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